1- Realizar análisis de suelo.
2- Evaluar el resultado del análisis contemplando las necesidades del cultivo pensando en una nutrición balanceada.
3- Seleccionar los fertilizantes adecuados en función de la concentración de nutrientes y su disponibilidad y las características del suelo.
4- Aplicar la cantidad necesaria para alcanzar el potencial de rendimiento sin resignar calidad.
5- Sincronizar la aplicación con los períodos de mayor absorción del cultivo para maximizar la eficiencia y reducir pérdidas.